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    Primeras impresiones Pandaren

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    Primeras impresiones Pandaren

    Mensaje por Mastervip el Lun Oct 31, 2011 2:37 am

    Poco después del panel de presentación, y mientras cubría el de talentos y clases, Sergan nos asaltó en el puesto de prensa después de haber desaparecido por unos minutos. Entre otras cosas californianas, descubrió que los stands para probar la nueva raza estaban disponibles. Me hice el tipo duro porque soy un tipo profesional, pero en cuanto tuve unos minutos, me escabullí para echarle el guante a estos graci-osos (sí, tenía que hacerlo).

    Y puedo decir que lo que la próxima expansión está por traer en forma de plantígrados es de las cosas más divertidas que se les ha podido ocurrir.


    ¡Descubre con nosotros a los Pandaren!

    ¿Qué es un Pandaren?


    Antes de liarme la manta a la cabeza y destriparos la clase (lo cual es imposible, porque en diez niveles y un ratito de juego no dan para mucho), os contaré que los Pandaren son una raza de hombres-panda que en los primeros compases de la antigua Kalimdor se llevaban la mar de bien con los elfos. Como estos últimos eran callados y los osos son más bien unos tipos contemplativos, podríamos decir que les costaba nada y menos estar juntos pero no revueltos. Malo fue el día en el que los monjes Pandaren observaron el descontrol que los elfos gastaban para con la magia, y antes de que las cosas se pusieran feas, emigraron a pastos más verdes.

    Enclaustrados en su pacífico mundo, orbitando alrededor de la búsqueda de su Zen particular y el mejor gusto por la cerveza y la comida, los pandaren son una raza que evita el enfrentamiento y se comporta como el junco mecido por el viento. Salvo unos pocos rebeldes, como Chen Stormstout, ni uno solo de ellos abandonó el lugar secreto en el que decidieron establecerse. Hasta ahora.

    ¿Qué tienen de especial?


    Muchísimo.

    Lo que más llama la atención de los pandaren desde un inicio es sus pintas de bonachones. Barrigones, de movimientos decididos como un juerguista a la fiesta de su vida, parecen animales incapaces de hacer nada más que beber, comer bambú y rodar por el suelo (bueno, también pueden comer en una esquina y asustarse cuando un pequeño estornude). Ésta es una raza pacifista para la que el combate es una forma de resolución de conflicto que permita que después de la acción, podamos ir a tomarnos unas pintas tranquilamente.

    Y con esa guisa, nos plantamos en las misiones iniciales donde, llamadme curioso, lo primero que hice fue ir directo a sus raciales. Si no hay más remedio que entrar al trapo, pueden hacer uso de su Palmada aturdidora, que dejará a su enemigo incapacitado durante tres segundos. Dado que les encanta comer, también tienen la racial que les permite ganar el doble de bonificación al comer alimentos que otorguen beneficios (Epicúreo). Y como son gorditos y rebotan al caer, tienen una reducción al daño por caída. Además, supongo que por el hecho de estar en un servidor privado y todo lo que ello conlleva, el descanso acumulado dura el doble de lo normal.

    Todavía son incapaces de realizar ningún emote, pero importa poquísimo: su carisma cimentado en la calma y la tranquilidad, soportado por el rollito Zen de su zona inicial y afición a la cerveza, hacen de ellos una delicia jugable de fluido movimiento que encandila desde el primer minuto. Para más inri, siendo que la clase monje irá de la mano, doy casi por sentado que disfrutaremos los primeros minutos de juego de la nueva raza en una zona repleta de osos rodantes. Digno de youtube, lo que yo os diga.

    Para terminar de arreglarlo, sus primeros pasos cumplen con la premisa narrativa de presentarnos un buen alumno y creceremos al tiempo que aprende, con lo que la baza de jugar con nuestros sentimientos se juega con premeditación, alevosía y zumo de cebada hasta que decidamos qué facción queremos apoyar.

    ¿Cómo elige un pandaren su facción y por qué?


    A lo largo de los diez niveles iniciales, el joven pandaren aprende la filosofía de su pueblo hasta que decide que después de los encontronazos con representantes de la Horda y la Alianza debe hacer la elección de su vida. Sé que decir esto a estas alturas es un poco extraño, pero intentando no desvelar demasiado, diré que el arco argumental de los pandaren cierra su primer ciclo con una misión en la que, al margen de lo que nosotros jugadores queramos, prima la intuición de cual de las dos caras de la moneda le deparará más aventuras y saciará su hambre de conocimiento.

    Estos osos no son simplemente, desde el punto de vista histórico de WoW, una raza con motivaciones explícitas. Son tipos que han ido a su aire durante miles de años y que, por muchas ganas de cambio que puedan tener, necesitan algo más que una excusa política. Añadámosle a esto el detalle de que un pandaren se supone revestido de un buen bagaje espiritual y que intentará realizarse ayudando a otros, creando su destino al pasar por otros sin condicionar su propia existencia a una bandera real. En otras palabras: un pandaren elige la facción por su realización, no es un alistado más como el resto de personajes.

    La Zona Inicial


    Si los pandaren tuvieran motivaciones publicitarias, usarían su zona inicial para anunciar televisores Bravia. Una explosión de colorido natural pintando una arquitectura claramente influenciada por la cultura china (no en vano, la broma de Kung-Fu Panda ha sido de lo más escuchado en la BlizzCon 2011), obliga al jugador a querer más, por muy gótico que sea. Repito lo que dije al iniciar el artículo: los pandaren son una raza divertida. Y los primeros compases de su historia se juegan en tonos rojos, verdes y amarillos, con un uso sutilísimo del cell-shading en detalles concretos del escenario.

    En lo jugable, es una zona engañosa. Es sencillo moverse por sus escenarios, pero también están plagados de misiones y rincones que invitan a saltar de caña en caña, a rodar libremente, a pasear por la cuerda floja haciendo que al más mínimo descuido, tengamos que volver sobre nuestros pasos en un chapoteo y calados hasta los huesos. Los jugadores más expertos se divertirán cayendo en alguna ocasión en estas pequeñas pruebas e invitaciones y los más noveles descubrirán de una forma amena cómo desenvolverse por la dimensión espacial de World of Warcraft mientras descubren qué es un pandaren y en qué piensa.

    Las misiones, con las mecánicas de siempre, se hilan muy bien, entreteniendo y familiarizándonos con el esquema de recompensas, el uso de diferentes barras de acción, los elementos interactivos y profundizando en el uso de la interfaz para localizar objetivos, aprender nuestro personaje sin dejar de contar una historia entretenida, más profunda de lo que cualquier jugador -y especialmente los adultos gruñones y cascarrabias-, piense al dar sus primeros pasos con un pandaren.

    Conclusiones


    Los pandaren molan. Cualquiera que diga lo contrario sin probarlos un mínimo, prejuzgará por la tapa el libro de una de las novedades más frescas que ha incorporado la compañía en todos estos años de World of Warcraft. Si los goblins y los worgen gustaban por su apariencia traviesa y audaz respectivamente, y los draenei y los elfos de sangre se ganaron al público por su estética tecnomágica, los pandaren son una combinación tan potente de estilo y solidez de caracterización que se ganaran al público por derecho propio. No gustarán porque puedan hacer x o y, gustarán por todo. Incluso si en cuestión de pintas no se ganan a un jugador, es una raza con infinidad de otras bondades que, y esto es lo más importante, no se limitan a qué es, sino a lo que puede hacer, el dónde viene, qué ofrece y hasta donde puede llegar su influencia para con otros personajes.

    Es más: si uno hace un poco de memoria y encuentra en ella la reacción ante las otras razas y clases especiales incorporadas al juego en los últimos años, no encontrará una muestra de unanimidad tan clara y tintada con la mezcla de sorpresa, encandile y acogida como la que han tenido los pandaren. Y también es una forma de prejuzgar esta raza, claro, pero al menos esta permitiría darse el gusto de jugar la que, posiblemente, sea la joya de la corona racial de Blizzard para el próximo lustro.




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